Una comisión tradicional que planta al tombe

CASALES

Una comisión tradicional que planta al tombe

La falla Pintor Salvador Abril-Pedro III El Grande sigue montando su monumento a pulso y sin grúa

4.05.2012 -
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En medio de la retahíla de talleres mecánicos de la calle Doctor Sumsi se esconde el 'casal de Pere'. A mitad camino del mercado de Ruzafa y del barrio de Cánovas. Los 85 años de la falla Pintor Salvador Abril-Pedro III El Grande la convierten en una de las veteranas de Valencia, con una historia que se remonta al año 1926, en plena dictadura de Primo de Rivera. Hasta 1931 no hay datos oficiales sobre la comisión, de la que tampoco se sabe nada durante el periodo de la Guerra Civil. Esos fueron los primeros años en los que empezaron a plantar al tombe. Usaban cuerdas, fuerza y pulso. No había grúas ni montadores expertos. Todo corría a cuenta de los falleros. Ahora, en 2012, continúan manteniendo la tradición. «Es una condición indispensable que le ponemos al artista fallero, queremos plantar como antes, como lo hacían los fundadores», explica Roberto Escriche, presidente de la falla. Por ello, su noche de la plantà es cien por cien auténtica y todo un espectáculo para los vecinos de la zona. Figuras como Vicente Luna llegaron a plantar para ellos en el ejercicio 1952- 1953.
Mantener la tradición es el principal objetivo de la falla del sector Russafa A. «El día antes de la plantà celebramos un correfoc en la calle donde participan pequeños y mayores; cercamos la plaza y damos rienda suelta a los petardos», comenta Escriche. Es otra forma de seguir conmemorando actos históricos que se han ido perdiendo con el paso del tiempo.
Conservan también su amor por el tabalet i la dolçaina. Con sus melodías celebran en la semana fallera una Dansà a pie de su casal. Actúan el propio grupo de baile de la comisión junto a otros que llegan invitados. También son este par de instrumentos los que les acompañan el día de la Ofrenda, junto con una banda.
Uno de los ejercicios más importantes fue el del año 2002, cuando conmemoraron el 75 aniversario de la comisión. Tuvieron que hacer un esfuerzo económico importante para organizar los eventos. A la presentación de ese ejercicio acudieron todas las falleras mayores de años anteriores que fueron posibles y se editó un llibret especial con las anécdotas recordadas por los falleros. En él se hablaba de los primeros pasos, cuando se reunían en bares a falta de un casal.
 

Casi cien niños
Contar con cerca de cien niños falleros es un logro en los tiempos que corren. Pintor Salvador Abril-Pedro III lo ha conseguido gracias al fomento de las actividades infantiles y a los descuentos en las cuotas. «Cuando ya hay dos miembros de una misma familia nunca pagan ambos el total de las mensualidades, siempre se hacen descuentos especiales o de grupo», afirma el presidente. Con ello se salvan las dificultades económicas y la falla sigue creciendo.
El día más importante para los pequeños es el de los disfraces. En la semana de marzo se reúnen todos con sus mejores galas en la calle y juegan durante toda la jornada. «Contamos con mucha participación», dice el máximo representante de la falla.
Es uno de los momentos favoritos de Andrea Ruiz, la fallera mayor. Aunque también se lo pasa en grande tirando petardos. Este año ha compartido reinado junto con su tía Clara Ruiz, la fallera mayor. Ambas agotan los últimos momentos hasta que se elijan las nuevas representantes. Siempre les quedarán los recuerdos de este ejercicio, imborrables. «Tenemos a toda la familia a nuestro lado y eso ha convertido estas Fallas en algo muy especial», dicen. Andrea tenía claro que quería ser fallera mayor infantil desde que nació y eso animó a Clara para presentarse y compartir la emoción con su sobrina. Por el momento la falla no tiene ningún problema a la hora de encontrar candidatas para el cargo.
La mayoría de falleros no son del barrio, sino que son antiguos miembros que ahora viven fuera pero que siguen perteneciendo a la comisión. Otros vienen de más lejos, incluso de Madrid.
Presumen de ser los primeros en tener vicepresidentas en la directiva y de los pioneros en contar con patrocinadores para el monumento. «Un año anunciamos una marca de vaqueros y a cambio tuvimos que vestir a uno de los ninots con ellos», comenta Escriche. Su escudo también tiene historia, tienen el oficial en el que aparece un murciélago y una versión, la más usada, en la que se muestra la mascota con una botella de vino y unas zapatillas de deporte.
 

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